El Trabajo Original: Cultivar y Guardar el Huerto


El Trabajo Original:

Cultivando y Cuidando el Huerto

Como les prometí en el tema: “Trabajo: ¿Castigo o Dignidad?” , les traigo una ampliación de algunos temas que en aquel estudio tocamos solo superficialmente pero que sabemos que te han de bendecir muchísimo.

El SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.” (Gén. 2:15 NBLH)

Habíamos dicho que aun antes de la caída del hombre este ya tenía un trabajo delegado de parte de Dios. Dios había tomado tiempo para crear para el hombre un terruño, un pedazo de tierra donde el ser humano se pudiera sentir seguro y pudiera vivir en relación intima con su Creador:

“Pero se levantaba de la tierra un vapor que regaba toda la superficie del suelo. Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y el SEÑOR Dios plantó un huerto hacia el oriente, en Edén, y puso allí al hombre que había formado. El SEÑOR Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer. Asimismo, en medio del huerto, hizo brotar el árbol de la vida y el árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal. Del Edén salía un río para regar el huerto, y de allí se dividía y se convertía en otros cuatro ríos. El nombre del primero es Pisón. Este es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro. El oro de aquella tierra es bueno; allí hay bedelio y ónice. El nombre del segundo río es Gihón. Este es el que rodea la tierra de Cus. El nombre del tercer río es Tigris. Este es el que corre al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Éufrates. El SEÑOR Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.” (Gén. 2:6-15 NBLH)

“Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.» (Gén. 1:28 NBLH)

“Entonces el SEÑOR Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda adecuada.» Y el SEÑOR Dios formó de la tierra todo animal del campo y toda ave del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre. El hombre puso nombre a todo ganado y a las aves del cielo y a todo animal del campo, pero para Adán no se encontró una ayuda que fuera adecuada para él. Entonces el SEÑOR Dios hizo caer un sueño profundo sobre el hombre, y éste se durmió. Y Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en ese lugar. De la costilla que el SEÑOR Dios había tomado del hombre, formó una mujer y la trajo al hombre.” (Gén. 2:18-22 NBLH)

“Y oyeron al SEÑOR Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día. …” (Gén. 3:8a NBLH)

Imaginen ese lugar: llenos de arboles agradables a la vista y al paladar, con frutos con los cuales te puedes alimentar libremente; animales que cuidar y que podía sojuzgar; un rio que se separaba en cuatro afluentes para regar los cuatro puntos cardinales del jardín; tierras donde había oro, ónice y berilio; una pareja idónea (o sea una familia humana ideal); y el árbol de la vida allí también a sus disposición. Pues, Dios solo le había prohibido el árbol de la ciencia del bien y del mal al hombre, aun no lo había separado del árbol de la vida evento que ocurre  hasta después de la caída:

“Y el SEÑOR Dios ordenó al hombre: «De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento (de la ciencia) del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás.» (Gén. 2:16-17 NBLH)

“Entonces el SEÑOR Dios dijo: «Ahora el hombre ha venido a ser como uno de Nosotros (Padre, Hijo y Espíritu Santo), conociendo ellos el bien y el mal. Cuidado ahora, no vaya a extender su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre.» (Gén. 3:22 NBLH)

Así que, Dios, puso a Adán a cuidar y cultivar un jardín que le proveía todo lo necesario para ser feliz basado en su relación de pacto con Dios, en su Reino. Dios había dado a Adán la tierra para sojuzgarla bajo la condición de que el hombre obedeciera la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Si el hombre obedecía lealmente la voluntad de su creador este sojuzgaría toda la creación, dominaría sobre los elementos de la naturaleza, sobre los animales, y sobre toda la tierra:

“Dios los bendijo y les dijo: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Ejerzan dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.» (Gén. 1:28 NBLH)

Regando la Semilla del Reino

Así como esta flor riega su semilla en el viento, Dios puso a Adán en la tierra para regar su semilla humana llevado por el viento de su Espíritu Santo. Así, la tierra sería un Edén en su totalidad, llena de la gloria de Dios.

La vida de cultivar y cuidar el jardín del Edén era para Adán una vida de reino, de dominio y de conquista de todo un planeta. Adán (varón y hembra – Gen. 5:2) en aquel pedazo de cielo en la tierra que se llamó Edén no sufrirían necesidad, ni enfermedad, ni miseria y tampoco verían muerte si comían del árbol de la vida. Dios les había ordenado llenar la tierra con ese microsistema de vida que Él mismo había creado en aquel rincón de la tierra. Teníamos que representar su reino, como embajadores leales a sus preceptos, y así, en la bendición y provisión de su reino en nuestras vidas llenaríamos la tierra de lo que en Edén era solo un prototipo del plan de Dios para toda la tierra. Aquel Edén era la embajada de los hijos del Rey en la tierra, un hogar que crecería con ellos si ellos no daban la espalda a su Rey (Jehová de los ejércitos, el Rey de Gloria – Salmo 24); pero por cuanto todos pecamos fuimos destituidos de la gloria del Rey (Romanos 1:23; 3:23). Entonces entra en escena aquel que desde antes de la fundación del mundo estaba reservado para esa posición de reino: Jesucristo el Postrer Adán.

Jesús nos restaura a esa capacidad de cultivar y cuidar el reino de los cielos en la tierra y nos hace reyes y sacerdotes para Dios nuestro Padre (Apocalipsis 1:6). Así que, nosotros al igual que Adán tenemos en nuestras manos el trabajo original de cuidar el reino de los cielos en la tierra, cultivarlo para que dé fruto, se multiplique y llene la tierra. Por eso Jesús dijo al comisionar la Iglesia Apostólica:

“Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad Me ha sido dada en el cielo y en la tierra. «Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden (he aquí)! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.»  (Mat 28:18-20 NBLH)

Así que, en Cristo, si retomamos el trabajo Original de cultivar y guardar el reino de los Cielos en la Tierra veremos también la provisión sobrenatural de Dios ayudándonos a tener familias idóneas, convirtiendo a nuestras familias en embajadores de su reino y a nuestros hogares en jardines del Edén.  Cada hogar una embajada donde se manifiesta la bendición y prosperidad del reino para llenar la tierra de su gloria como las aguas cubren la mar. Te invito a retomar el trabajo original en tu vida, que este sea tu prioridad:

“Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mat 6:33 LBLA)

Por: Pastor Jaime Galván

Centro CREE – Isabela, PR

Editor de Centro CREE y Berea Online Blogs.

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2 comments on “El Trabajo Original: Cultivar y Guardar el Huerto
  1. charly dice:

    La verdad no me ayudo en absooutamentr nada solo relataron la creacion mas ejercieron las relasiones entre cualtivar y guardar la tierra y el progreso

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  2. Jose dice:

    También nos dejó la enseñanza de guardar el sábado edenico a través de todas las edades. Pero el hombre hace de ese día todo lo contrario. La prueba a Adán de no comer del fruto es la misma que nos pone Dios de no tomar ese día Santo para otra cosa. La familia y el sábado son instituciones que Dios nos dio en el Edén pero muchos siguen la voz de Roma y no de Dios.

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