Cuando Dios te Cuenta el Final…


Ayer mis hijos, uno de tres años y una de seis estaban viendo una película de dinosauros en la que dos niños (un varón y una niña) eran perseguidos por las feroces bestias y ellos se escondían de aquellos carnívoros cazadores. Al parecer ambos estaban muy bien metidos en la película, pero en esta escena mi hija se preocupó por los niños más que en el resto de las escenas. Pienso que se debe haber identificado con la hermana mayor en la película y a su hermano con el niño. Su rostro estaba seriamente consternado así que la llamé, y ella vino prontamente a mi falda. La abracé y le dije: “¿Sabes qué? Yo ya vi la película y sé que al final los niños sobreviven y no les pasa nada.” Ella me miró a los ojos con la expresión más sincera de consuelo que había visto en años, su corazón se llenó de esperanza y de buen ánimo. Terminó de ver la película y ya no se podía ver en ella expresiones de temor como antes. ¿Por qué les cuento esto? Porque cuando terminó este momento padre-hija, el Espíritu me dice: “Por eso les cuento el final para que puedan tener confianza, aunque no les cuento los procesos de la película.” Esas palabras rhema me llenaron de iluminación en el conocimiento de Él y esa iluminación es la que siento compartir con ustedes hoy. Este versículo será el fundamento de esta enseñanza:

Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación.” (1Co 14:3)

                Yo soy del tipo de persona que no me gusta que me cuenten el final de una película antes de verla completa. Pero puedo entender  porque Dios nos cuenta el final de nuestra película antes de que la veamos completa gracias a la experiencia que tuve con mi hija ayer. ¿Sabes porque nos ponemos ansiosos y temerosos en nuestra vida? Porque en ocasiones perdemos la esperanza o peor aún no tenemos razón para tener esperanza. Cuando la vida nos parece peligrosa y obscura, cuando parecemos víctimas de un carnívoro cazador y que nuestras fuerzas no son suficientes para siquiera sobrevivir; entonces es que necesitamos la palabra viva y profética de Dios. Esta es la palabra que el mismo Espíritu Santo, habla en tu corazón, “… que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria.” (Col 1:27b). Cuando vivimos sin esperanza y sin Dios, en el mundo, es cuando la vida nos parece tan adversa que tememos por nuestro futuro y bienestar. Es entonces que nos llenamos de ansiedades y afanes que llegan al punto de enfermarnos. Justo como mi hija viendo la persecución de los dinosauros se atemorizó y luego de conocer por boca de su padre que los niños estarían bien todo temor y ansiedad se fue ante la esperanza de la vida de aquellos niños.

                Así mismo, la palabra del Espíritu Santo nos da consuelo porque nos habla de ese mañana que sin Dios sería obscuro y sin esperanza, pero en las promesas de nuestro Padre celestial es esperanzador y lleno de gloria. Dios nos cuenta el final de la película de nuestras vidas, en la que somos los protagonistas, para que aun sin conocer el proceso podamos tener la esperanza y consolación de que Él dijo que todo estaría bien, en luz, en paz, en vida y en gloria. Ciertamente los niños de la película pasaron por muchos problemas y riesgos para salir victoriosos y vivos de esa gran calamidad, pero ya mi hija había escuchado de su padre que saldrían bien, y ella conoce mi carácter que no le mentiría. Así que, mientras ella los veía en sus procesos tratando de sobrevivir a los dinosauros ella recordaba en su mente: “papi dijo que sobrevivirían, él ya vio la película, él conoce el final, él no me mentiría, por tanto sé que no temeré por ellos. ¡Van a vivir!” Cuando Dios nuestro Padre, nos habla por medio de Cristo, Su Espíritu, nos sucede lo mismo. Podemos decir en el proceso de nuestra vida: “Aunque no conozco todos los procesos, conozco el final. Aunque este proceso sea fuerte, sé que mi Padre me dijo que al final yo vencería y todas estas cosas obrarían para mi bien. Él no solo dijo que sobreviviría, sino que viviría y lo haría en abundancia, Él no miente, Él conoce el final; por tanto no temeré mal alguno, mi confianza en su Palabra es mi aliento y mi esperanza es Él.  ¡Yo venceré y viviré por Él!”

                Esta semana pasada, los profetas del Señor profetizaron a los hombres para edificación (formación de nuestro carácter de fe), exhortación (darnos ánimo en las situaciones de la vida por medio de Su palabra) y consolarnos (en la esperanza que el que habló, no miente, ni se arrepiente, es fiel, verdadero y poderos para hacer más abundantemente de lo que le pedimos o entendemos). Estamos seguros en Él, porque nos ha destinado para ser más que vencedores (Romanos 8:28-39).

Si no tienes a Cristo en tu corazón, Él es la respuesta y la vida que anhelas. Si ya lo tienes, recuerda lo que Él ha dicho de ti, fortalécete en Él y en el poder de Sus fuerzas; y estarás firme.

Pastor Jaime Galván

La profecía es como tener luz al final de un tunel obscuro, aunque no conoces bien el camino, conoces el fin y esa es tu esperanza y guia.

Editor de Centro CREE y Berea Online Blogs.

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3 comments on “Cuando Dios te Cuenta el Final…
  1. alexander dice:

    quiero seguir esa luz que tengo que hacer

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    • jglez dice:

      Bendecido en el nombre de Jesús.
      ¿Qué hacer para seguir la luz?
      Primero recibe la Luz, luego conócela y te guiará. La Palabra dice en el Evangelio de Juan varias cosas acerca de la luz de los hombres:
      «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron.» (Juan 1:1-5 LBLA)
      Primero puedes ver que esta luz es una persona es un El, es Cristo.
      «Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.» (Juan 1:9-14 LBLA)
      Ves que si lo recibes en tu corazón creyendo alumbrará en tu corazón y echará fuera toda tiniebla, confusión, falta de conocimiento, temor, ansiedad, etc. Si recibes a Jesús recibirás el poder (o la potestad) de ser hecho hijo de Dios, porque aunque todos somos creados por Dios, no todos somos hijos de Dios. Para ser hijo debemos nacer de nuevo, del Espíritu Santo que es la gloria y la luz de los hombres. Como hijo de Dios puedes disfrutar de lo que en este estudio se hablaba cuando Dios nos cuenta el final y nos sentimos seguros porque le conocemos a EL.
      ¿Cómo recibes la luz? Por fe, creyendo que Cristo es el Hijo de Dios, que murió en la cruz llevándote en El para que la paga de nuestros pecados fuera sobre El y no sobre nosotros. Pero cuando murió allí moriste con El, fuiste sepultado con El y gracias al poder de Dios fuiste resucitado con El. Pecado es querer vivir de espaldas a Dios, separado de su vida y de su luz, vivir en tinieblas y muerte. Jesús nos vino a salvar de esto y traernos a su reino de luz, trasladándonos del reino de las tinieblas. Existen dos reinos y hoy tú puedes escoger a cuál de los dos servir. Cada reino tiene un rey uno que te quiere tratar como esclavo, maldecirte, oprimirte, robarte, destruir lo que es importante para ti y hasta matarte. El otro quiere bendecirte, restaurarte, aliviar tus cargas y darte vida eterna que es conocer la luz de Dios Padre y a su Hijo. Estos versículos respaldan lo que te acabo de decir:
      “Por tanto, hemos sido sepultados con El por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos a Él en la semejanza de su muerte, ciertamente lo seremos también en la semejanza de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con El, para que nuestro cuerpo de pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto, ha sido libertado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con El, sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; ya la muerte no tiene dominio sobre El.” (Romanos 6:4-9 LBLA)
      “Jesús le dijo*: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14:6 LBLA)
      Jesús también dijo:
      “El ladrón (Satanás príncipe de las tinieblas) sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10 LBLA)- paréntesis añadido por autor.
      “fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz. Porque El nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados.” (Col 1:11-14 LBLA)
      Lo que necesitas no es un qué, es un quién, es a Cristo en ti, la esperanza de Gloria.
      ¿Qué hacemos entonces?
      “Mas, ¿qué dice? CERCA DE TI ESTA LA PALABRA, EN TU BOCA Y EN TU CORAZON, es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: TODO EL QUE CREE EN EL NO SERA AVERGONZADO.” (Romanos 10:8-11 LBLA)
      Has esta oración conmigo, pero pon todo tu corazón en estas palabras:
      “Jesús se que eres el Hijo de Dios, que eres Dios y que te hiciste hombre.
      Que moriste por mí en la cruz para perdón de mis pecados.
      Que resucitaste para darme en Ti vida nueva.
      Me arrepiento de vivir en las tinieblas, lejos de ti en mis pecados.
      Límpiame de mis pecados y hazme justo por la fe que tengo en tu amor.
      Trasládame a tu reino y se mi Rey, mi Señor.
      Que las tinieblas no se enseñoreen más de mí.
      En el nombre de Jesús soy tu hijo.
      Amén.”
      Si has hecho esta oración conmigo escríbeme porque entonces seguimos dirigiéndote a conocer más de Su luz. Si ya la habias echo y le servias al Señor escribeme y te podemos discipualr más. Te bendigo y estamos para servirte siempre.
      Pastor Jaime Galván – Centro Cristiano Reino de Embajadores

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  2. jorge dice:

    como va todo.aupa.

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