¿Cuál es el Instrumento de Justicia de Dios?


Quiero continuar con el tema anterior acerca de la posibilidad de que Dios castigue una nación con un desastre natural. Mis conclusiones fueron basadas en la Palabra. Éstas fueron que Dios, que es lento para la ira y grande en misericordia aún por algunos justos perdonaría una nación, tanto que perdonó a todo el mundo por un justo, su Hijo. Sabemos que Jesús no vino a condenar, sino a salvar, pero sigue siendo el juez de todos nosotros y que nos juzgara según nuestras obras sean buenas o malas, pero este juicio es en el último día, el día del Señor.  Para conocer más de cómo llegamos a estas conclusiones lee nuestra publicación anterior: “¿Puede Dios Castigar una Nación entera con un Desastre Natural?”.  Pero dejamos unas preguntas sobre la mesa en la publicación anterior: “Sabemos que hay desastres naturales como terremotos, tsunamis, volcanes, huracanes y tornados. Si no son instrumento de castigo divino; ¿por qué ocurren según la Palabra de Dios? ¿Qué tenemos que hacer los creyentes ante esta posible amenaza natural?” Para poder contestar esto primero debemos entender: ¿Cómo Dios establece hoy su justicia? ¿Cuáles son esos instrumentos de justicia? ¿Cómo y cuando Dios ha de juzgar las naciones según la Palabra? Las preguntas anteriores las contestaré si me lo permiten en una próxima publicación, no quiero que me acusen de escribir muy largo, aunque el tema así lo requiere para poderlo entender. Cuando un Juez Justo (como Dios) hace juicio se establece justicia. Por eso las preguntas que responderemos en este artículo son importantes.

                Hemos llegado a la conclusión por la evidencia Bíblica que aunque Dios definitivamente puede castigar a una nación como Puerto Rico con un desastre natural, Él es lento para la ira, grande en misericordia y ha mostrado esto aun declarando ante la intercesión de Abraham que con 10 justos perdonaría a todos los habitantes de Sodoma y Gomorra. Más aún, vemos como perdonó al mundo entero en Jesús, un justo por todos los pecadores:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado por el Espíritu…” (1Pe 3:18 RVG10-R).

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y Él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por de todo el mundo.” (1Jn 2:1-2 RVG10-R).

La Justicia de Dios permanece para siempre.

                Vimos como Jesucristo la imagen misma de Dios (Colosenses 1:19; 2:9; Hebreos 1:3) redarguye a sus discípulos al querer castigar con fuego a los aldeanos samaritanos diciéndoles que ese no es Su espíritu (carácter) que Él vino a salvar y no condenar. Vimos también como el carácter del profeta Jonás procurando el castigo para Nínive estuvo siempre en oposición al carácter de Dios que los estaba llamando a arrepentimiento y que en efecto los perdonó. Sabemos también que según el Evangelio todos los que rechacen la gracia de Dios por medio de Jesucristo serán juzgados en el último día:

“… en el día en que, según mi evangelio, Dios juzgará los secretos de los hombres mediante Cristo Jesús.” (Romanos 2:16 LBLA).

“… como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. Os maravilléis de esto; porque viene la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que hicieron mal, a resurrección de condenación.” (Juan 5:26-29 RVG10-R)

“… puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:44 RVG10-R)

“… el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; serán reunidas delante de Él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.” (Mat 25:31-33 RVG10-R)

“De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor viene con decenas de millares de sus santos, para ejecutar juicio contra todos, y convencer a todos los impíos de entre ellos, de todas sus obras impías que han cometido impíamente, y de toda dura que los pecadores impíos han hablado contra Él.” (Judas 1:14-15 RVG10-R)

“Pero los cielos que son ahora, y la tierra, son reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Más, amados, no ignoréis esto: Que un día delante del Señor como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”  (2Pe 3:7-10 RVG10-R)

                Así que Dios basándose en su paciencia y carácter misericordioso deseando que nadie perezca (muera) a reservado Su juicio  sobre todas las naciones (sobre vivos y muertos resucitados) para ese último día en que Jesús como Hijo del Hombre juzgará a todos según sus obras sean buenas o malas; ¿entonces de que juicio estamos hablando ahora? Podemos entonces sentirnos tranquilos de que al menos Dios no juzgará por ejemplo a Puerto Rico si hay unos 10 justos (justificados por su sangre), que Dios guarda a los justos del juicio, que Él no quiere que ninguno perezca y por eso ha dejado el juicio hasta el fin. Es como en los tiempos de Noé (Hebreos 11:7), en que el juicio de Dios no se derramó sobre toda carne hasta que se cumplió el tiempo de cerrar el arca. Te pregunto: ¿el arca del Evangelio se ha cerrado ya?

                Vimos que será al final, como en los días de Noé en que Jesucristo como Hijo de Hombre juzgará a  los vivos y a los muertos. A lo que nos preguntamos: ¿Por qué Jesús juzgará como Hijo de Hombre? Porque en un principio esa fue la voluntad de Dios que el hombre sojuzgara la tierra y Dios el Padre delegó esa autoridad a la humanidad (Génesis 1:26-28). Humanidad que en Cristo es restaurada recuperando el Reino y toda autoridad en la tierra (Mateo 28:18). Sí, Dios usó naciones para hacer justicia sobre otras naciones, así usó a Israel en el Antiguo Pacto y a otras naciones contra Israel. ¿Pero que usó? Hombres para sojuzgar conforme a su propósito original. Hoy la Iglesia es la nación santa de Dios conforme al Nuevo Pacto y en Cristo hemos sido hechos reyes y sacerdotes para Él; se nos ha restaurado la autoridad de sojuzgar la tierra en Su nombre. Se nos ha devuelto el Reino. “… y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a Él la gloria y el poder por siempre jamás. Amén.” (Apo 1:6 RVG10-R)

 “Mas vosotros linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido; para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1Pe 2:9 RVG10-R)

“Y  al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones; las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como también yo he recibido de mi Padre; le daré la estrella de la mañana. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (Apo 2:26-29 RVG10-R)

                ¿Pero porque no nos levantamos como en el Antiguo Pacto contra las naciones con tanques, armas automáticas, misiles y aviones de combate? Porque hoy y en el Nuevo Pacto sabemos que nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino que es contra “… principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra malicias espirituales en las alturas.” (Efe 6:12 RVG10-R). Siendo así, ¿cómo establecemos la justicia de Dios? Predicando el Evangelio, nuestra espada para establecer justicia, es la Palabra del Evangelio del Reino para arrepentimiento de las naciones y hacerlas así discípulos:

“Mas ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios es manifestada, siendo testificada por la ley y los profetas; la justicia de Dios es por la fe de Jesucristo, para todos y sobre todos los que creen; porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús; a quien Dios ha puesto en propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia por la remisión de los pecados pasados, en la paciencia de Dios, para manifestar su justicia en este tiempo; para que Él sea justo, y el que justifica al que cree en Jesús.” (Romanos 3:21-26 RVG10-R)

“De manera que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no imputándole sus pecados, y nos encomendó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2Co 5:19-21 RVG10-R)

                Volviendo al contexto de nuestra lucha contra seres espirituales de maldad en las regiones celestes el Espíritu dice a través de Pablo “… y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios…” (Efe 6:17 RVG10-R), si a un nivel de autoridad terrenal y hablando de espadas de hierro las autoridades delegadas de Dios son vistas como ministros de su justicia para castigar el malo (Romanos 13:3-4), cuanto más no estará la Iglesia capacitada por Dios para ejercer su función ministerial de sacerdotes a favor de las naciones y de reyes que establecen Su justicia. Predicando el Evangelio y libertando a los pueblos del poder de los principados (poder no autoridad, pues la autoridad es de Cristo). Para concluir esta parte del tema les dejo este pensamiento: “Cuando los justos están en autoridad, el pueblo se alegra; mas cuando gobierna el impío, el pueblo gime.” (Pro 29:2 RVG10-R).

                Hasta ahora hemos visto que Dios ha guardado su juicio sobre las naciones para el día del juicio, porque es paciente para que nadie perezca. Hemos visto que delegó desde Edén a los hombres el hacer justicia sojuzgando la tierra como reyes. Que ese reino se perdió en malos de Satanás desde Adán, pero Cristo (el Postrer Adán) lo recuperó y restauró a la humanidad caída en la regeneración del Espíritu (recuerda la conversación de Jesús y Nicodemo en Juan 3). Esa humanidad restaurada esa Nueva Humanidad es la Iglesia el pueblo santo de Dios a quienes Él ha hecho reyes y sacerdotes para establecer por medio del Evangelio su justicia. Siendo embajadores de Cristo rogamos entonces por medio del Evangelio a las naciones que se reconcilien con Dios. Tenemos esa espada para que atreves del arrepentimiento de los pecadores los espíritus de maldad que ejercen poder sobre los pueblos pierdan ese poder. Porque cuando estos espíritus impíos gobiernan en su poder sobre los pueblos les producen tristeza, más cuando somos los justos los que ejercemos autoridad (que Cristo nos las delegó al comisionarnos) entonces los pueblos se alegran. Cuando la Iglesia entra en esta lucha hay tribulaciones, pero si las resistimos y vencemos por la fe ese espíritu de Jezabel que viene a usurpar la autoridad del reino sobre las naciones (Apocalipsis 2:19-29; y la historia de Jezabel en el Antiguo Pacto tomando control del reino de Acab), entonces recibiremos potestad sobre las naciones para regirlas, como Cristo la ha recibido de Su Padre. Al igual que Noé la Iglesia ha sido puesta como pregonera de justicia por la fe hasta que Cristo venga:

“Tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, un predicador (heraldo) de justicia, con otros siete, cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos.” (2Pe 2:5 NBLH)

“Por fe Noé, siendo advertido por Dios de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe.” (Hebreos 11:7 RVG10-R).

Te pregunto amada Iglesia: ¿Estas siendo pregonera de justicia que se hereda por la fe? ¿Estás preparando arca para que las naciones se salven o estas más bien condenando las naciones? ¿Cuándo Dios juzgue con fuego este mundo serás vista como una Iglesia Noé, pregonera de justicia y edificadora de salvación para el mundo? El mundo es tu familia, sálvala y no la condenes más. Si no reciben tu mensaje de reconciliación ya están condenados, pero tu trabajo como ministro del Nuevo Pacto no es condenar… “Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia viene de Dios; el cual también nos ha hecho ministros suficientes del nuevo testamento; no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte escrito y grabado en piedras fue glorioso, tanto que los hijos de Israel no podían fijar los ojos en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su parecer, la cual había de fenecer, ¿cómo no será más glorioso el ministerio del espíritu? Porque si el ministerio de condenación fue glorioso, mucho más abundará en gloria el ministerio de la justificación. Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación a la gloria más excelente. Porque si lo que perece glorioso, mucho más glorioso lo que permanece.” (2Co 3:4-11 RVG10-R)

Les bendice en el nombre de Jesucristo,

Pastor Jaime Galván

Nota: Para la próxima los desastres naturales, sus causas y que hacer como Iglesia.

Editor de Centro CREE y Berea Online Blogs.

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