Desastre Natural: La Raíz del Desastre


Este es el tercer artículo que publicamos relacionado con: “¿Puede Dios Castigar una Nación entera con un Desastre Natural?”.  Luego tocamos el segundo tema: “¿Cuál es el Instrumento de Justicia de Dios?”. En este artículo trataremos de contestar a través de la Palabra el porqué la naturaleza que fue creada por Dios para nosotros habitarla y sojuzgarla parece sernos  contraria y hasta atemorizante. Tenemos que regresar al principio, cuando todo lo que existía sobre la faz de la tierra era conforme a la voluntad de Dios Padre, expresada por Dios el Verbo y manifestada por Dios el Espíritu Santo. Cuando nada de lo creado en la tierra había sido pervertido y Dios habló de crear la humanidad expresó el propósito para que los creara:

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree sobre los peces del mar, sobre las aves de los cielos, sobre las bestias, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios; y les dijo Dios: Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread sobre los peces del mar, y sobre las aves de los cielos y sobre todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que sobre la faz de toda la tierra; y todo árbol en que fruto de árbol que da semilla, os será para comer. Y he dado a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se mueve sobre la tierra en lo que hay vida; y toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el sexto día.”

(Génesis 1:26-31 RVG10-R)

                Si prestamos atención a las Palabras del Creador de toda la humanidad nos damos cuenta que el propósito de nuestra creación fue señorear sobre la creación y al crear a Adán Dios lo bendijo dándole autoridad delegada sobre la creación. Como vimos señorear sobre la creación es para la humanidad una bendición: “….los bendijo Dios; y les dijo…”.  Para evidenciar la autoridad delegada de Dios a través de Adán sobre la creación vemos como Dios le permite ponerle nombre a todas las criaturas como representante o embajador de Dios en la tierra, o lo que es igual, Su imagen y Su semejanza:

“Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán, para que viese cómo les había de llamar; y de la manera que Adán llamó a los animales vivientes, ése es su nombre. Y puso nombres a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo: mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.” (Génesis 2:19-20 RVG10-R)

                La Palabra nos enseña que poner nombre sobre alguien es muestra de tener autoridad sobre él:

“Y ahora, así dice Jehová Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” (Isa 43:1 RVG10)

                Hagamos una lista de las criaturas sobre las cuales Dios delegó autoridad a Adán:

  • peces del mar
  • aves del cielo
  • bestias de la tierra
  • reptiles de la tierra
  • sobre TODA LA TIERRA.

                Ahora vemos claramente que Dios nos delegó autoridad sobre los animales del cielo, de la tierra y del mar; por lo que Santiago dice: “Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar se doma, y ha sido domada por la naturaleza humana…” (Santiago 3:7 RVG10-R).  Pero también dijo que señoreáramos sobre TODA LA TIERRA. ¿Qué quiso decir Dios cuando dijo toda la tierra? Si Dios no juega con las palabras (que sabemos que no lo hace) quiso decir lo que dijo: TODA LA TIERRA. La pregunta entonces es, ¿qué incluye la tierra? Si nos mantenemos en el  contexto y vemos los lugares donde se nos delego autoridad dice: cielos, tierra y mar. ¡TODA la TIERRA! Toda la tierra está bajo la autoridad de la humanidad, que le fue delegada a Adán, usurpada en la caída del hombre por Satanás y recuperada en la resurrección por Cristo el Postrer Adán (Salmo 2:7-9; Mateo 28:18; Apocalipsis 2:26-28). De esto hay mucho que decir pero ese no es el tema de este mensaje, si quieres saber más acerca de este tema nos escribes y publicaremos un artículo al respecto. Es por esa autoridad delegada a la humanidad (el don y el llamado de Dios a la naturaleza humana – Romanos  11:29) que la Biblia dice: “Los cielos son los cielos del SEÑOR; pero la tierra la ha dado a los hijos de los hombres.” (Salmo 115:16) Parece que me aleje del tema sobre la causa de los desastres naturales, pero acabamos de establecer las bases de porque la naturaleza nos causa tantos desasosiegos y temores. No es la creación (el planeta tierra) la fuente del mal y la corrupción que nos amenaza, sino la mala administración de una humanidad caída.

                Hoy nosotros hemos explicado con nuestra ciencia el porqué de los fenómenos naturales según la física, geología y meteorología. Esto nos da cierto sentido de control sobre los eventos naturales y cuando observamos los huracanes trasladarse a través de las aguas del océano nos sentamos a predecir su trayectoria y decidimos si tenemos probabilidades o no que nos haga daño. En otros tiempos las culturas indígenas eran sorprendidas por estos eventos y su sentimiento de incapacidad ante los mismos era aun mayor. Para ellos de repente lo que parecía un aguacero mas se convertía en un huracán y era tan destructivo, mortal e inexplicable que era tomado por un dios o demonio. Pero hoy con toda la tecnología y la ciencia que poseemos solo hemos logrado entender hasta cierto nivel estos fenómenos, predecirlos y estudiarlos. Esto solo nos da una sensación falsa de control y seguridad; ya que al momento en que nuestras predicciones son adversas o fallan en nuestra contra, sentimos la misma falta de control sobre nuestras vidas. Nos sentimos víctimas de la naturaleza y a la merced de la misma. Nos damos cuenta que no tenemos señorío y nos sentimos esclavos de los eventos naturales.  La gente corre a los refugios, a los supermercados, hacen esfuerzos para salvar sus casas, las malas noticias corren y todo el ambiente se carga de ansiedad. Eso es natural que ocurra ante un evento natural como un huracán. Los terremotos y los tsunamis por ejemplo causan aun mas ansiedad, pues son menos predecibles y entendidos por la gente. ¿Pero por qué ocurre esto? Porque vivimos en un mundo caído, corrompido por el pecado, pero sujeto a una esperanza de un mundo mejor. Esto no ocurre porque la naturaleza fue hecha por Dios para que estuviera en nuestra contra, al contrario fue creada para que nosotros la sojuzgáramos, nos enseñoreásemos de ella y la domináramos. Tampoco ocurre porque la naturaleza se rebeló contra nosotros. Ocurre porque nosotros nos rebelamos  contra Dios y la corrompimos con nuestra corrupción humana. Como administradores de la tierra nuestra caída afecto y corrompió todo aquello que estaba bajo nuestra administración. Cuando en Adán negamos a Dios por causa del pecado y entregamos la tierra a Satanás, toda la creación cayó con nosotros. Analiza este momento en la tentación de Jesús en el desierto, fíjate en las palabras de Satanás acerca del dominio de la tierra que él tenía (antes de la cruz): “Llevándole a una altura, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo. Y el diablo le dijo: Todo este dominio y su gloria te daré; pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy. Por tanto, si te postras delante de mí, todo será tuyo.” (Lucas 4:5-7 LBLA). Jesús rehusó adorarlo, pero no negó que ciertamente a Satanás se la hubiese entregado todo el dominio y los reinos de la tierra. ¿Quién se los entregó? Adán, el primer hombre.  Jesús venía a recuperarlos y lo hizo. Por eso los efectos adversos de la naturaleza no encuentran su causa en Dios, sino en nosotros, es resultado del pecado de Adán:

“Entonces dijo a Adán: Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: «No comerás de él», maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:17-19 LBLA).

                Desde que Adán cayó la tierra (la creación) sobre la cual se le había dado dominio le comenzó a ser contraria y difícil de manejar. Adán no comenzó a trabajar después de la caída, el ya tenía trabajo antes (vea estudio: “TRABAJO: ¿CASTIGO O DIGNIDAD?”). Pero trabajar con el favor de Dios es una cosa y trabajar sin ese favor es otra. Sojuzgar la tierra en la autoridad de Dios es una cosa y tratar de dominarla sin Dios es otra. La tierra quedo maldita por causa de Adán (humanidad), no de Dios y hasta que Adán (la humanidad) no fuera restaurado esa maldición no sería quitada. Y al igual que nosotros no encontramos nuestra redención y restauración en nosotros mismos, la creación no encuentra su restauración en nosotros por nosotros mismos, sino en Cristo. Cristo el restaurador de todas las cosas, Aquel quien lleva TODO al propósito original de Dios con la creación. Por eso la creación está sujeta a esperanza esperando su venida y el día de nuestra resurrección:

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con El a fin de que también seamos glorificados con Él. Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada. Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo (la redención del cuerpo es la resurrección del día final).” (Romanos 8:16-23 LBLA – itálicas añadidas por autor).

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan tiempos de refrigerio de la presencia del Señor, y Él envíe a Jesucristo, que os fue antes predicado; a quien ciertamente es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de todos sus santos profetas que han sido desde el principio del mundo.” (Hechos 3:19-21 RVG10-R)

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le contestó: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final.” (Juan 11:23-24 LBLA)

“Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que El me ha dado yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.” (Juan 6:39-40 LBLA)

“El Señor no tarda su promesa (las esperanza en que nosotros los que creemos y la creación esperan), como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¿cómo no debéis vosotros de conduciros en santa y piadosa manera de vivir? Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, siendo encendidos, serán deshechos, y los elementos siendo quemados, se fundirán. Pero nosotros esperamos según su promesa, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2Pe 3:9-13 RVG10-R – itálicas añadidas por autor).

          Cual es nuestra conclusión a la luz de estos versículos:

  • Que la creación esta corrompida por causa de la humanidad corrompida.
  • Que la creación está sujeta a esperanza, a la esperanza en la promesa de cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia.
  • Que cuando Dios juzgue a los inicuos que rechazaron a Cristo y Su Evangelio una nueva humanidad a la imagen de Cristo (la justicia de Dios) heredará la tierra y reinará en ella (Apocalipsis 5:9-10).
  • Que hoy hay dos humanidades, hay lucha de reinos, una guerra entre dos administraciones: la corrompida en el primer Adán y la restaurada en el Postrer Adán (Cristo) – 1 Corintios 15:12-49.
  • Que Cristo vencerá,  por eso aunque en el mundo tenemos aflicciones no tenemos temor, porque Dios nos dará la victoria – Juan 16:33.
  • Que los desastres naturales son parte de esa corrupción en que este mundo cayó por la caída de Adán.
  • Que los desastres naturales no son parte del propósito original ni del diseño original de Dios para los hombres, no son su voluntad.
  • Que atribuirle a Dios los desastres naturales es como consecuencias del pecado de Adán es como atribuirle la responsabilidad del pecado de Adán a Dios.
  • Que este argumento es una falacia: Dios es responsable de los desastres naturales. Los desastres naturales son parte de la corrupción de la caída de la humanidad por el pecado. Por tanto Dios causo la caída del hombre.
  • Que este argumento es verdad bíblica comprobada: Dios creó la humanidad para que el ser humano se enseñorease de ella. La caída de la humanidad pervirtió ese propósito y corrompió la creación. La naturaleza nos parece adversa y parece dominarnos por la pérdida de nuestro dominio o señorío. Perdimos el dominio y señorío por causa del pecado y fue usurpado por Satanás. Dios desde la caída sujeto la creación a esperanza y planificó la restauración de la humanidad para restaurarla. Dios se hiso Hijo de Hombre para restaurar la humanidad en Cristo (Postrer Adán) y retomar la autoridad de la tierra que se había perdido. Todos los que estamos en Cristo somos una nueva humanidad (en Reina Valera se traduce “nuevo hombre”, pero la palabra griega usada es ‘antropos’ (G444 /ἄνθρωπος / anthrōpos[1]) que significa humano. por lo que es más correcto decir: NUEVA HUMNIDAD). Esta nueva humanidad que ha nacido de nuevo puede entrar y ver el reino (Juan 3) y es restaurada a su posición de reyes sobre la tierra de la cual habían caído (2 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6; 5:9-10). Retomamos en Cristo el dominio al ser justificados por medio de la adopción como hijos de Dios nos fue entregada la herencia como coherederos de Cristo: la tierra por heredad.

                La pregunta entonces es: ¿QUÉ PODEMOS HACER CON EL REINO, LA HERENCIA Y LA AUTORIDAD RECIBIDA EN CRISTO? Me parece que ese es tema para el próximo artículo.

Pastor Jaime Galván

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[1] Strong’s Hebrew and Greek Dictionary

Editor de Centro CREE y Berea Online Blogs.

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