Paternidad Espiritual – Primera Parte


Paternidad Espiritual – Primera Parte

Escrito por: Apóstol Jaime Galván

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¿Por qué es importante la paternidad espiritual? ¿De dónde proviene este concepto? ¿Qué significa ser un padre o un hijo espiritual? ¿Solo los hombres pueden ejercerla? ¿Posibles oponentes de la paternidad espiritual? En esta serie de artículos meditaremos en las respuestas de estas preguntas desde una perspectiva bíblica, teológica y práctica para la iglesia local, sus líderes y creyentes en general. La paternidad espiritual es importante porque Dios se reveló progresivamente a los hombres como un Padre y en su más gloriosa revelación de sí mismo el Hijo se hizo hombre para que conociéramos la paternidad a través de Jesucristo. Vemos en los primeros capítulos de Génesis a Dios como Padre creando todo lo que existe y al hombre a su imagen y semejanza. También lo vemos como Padre en los Salmos:

  • Él es el quien nos adoptaría aunque nuestros padres naturales nos rechazaran (Salmo 27:10).
  • Él es descrito como: “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su santa morada. Dios prepara un hogar para los solitarios; conduce a los cautivos a prosperidad; sólo los rebeldes habitan en una tierra seca.” – Salmo 68:5-6.
  • Él es el que muestra compasión-paternal (Salmo 103:13).

Los profetas también fueron usados para revelar la paternidad de Dios, el profeta Isaías dice que el Mesías sería llamado Padre Eterno (Isaías 9:6). Jeremías expresa el deseo del corazón de Dios de ser Padre para su pueblo: “Yo había dicho: ¡Cómo quisiera ponerte entre mis hijos, y darte una tierra deseable, la más hermosa heredad de las naciones! Y decía: Padre mío me llamaréis, y no os apartaréis de seguirme.” – Jeremías 3:19 LBLA. Malaquías le profetiza al pueblo que han ofendido el honor paternal de Dios diciendo: “El hijo honra a su padre, y el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honor?” (v. 6ª).

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Hay multitud de pasajes en los Evangelios en que Jesús nos enseña a referirnos a Dios como nuestro Padre, a que podemos volver al Padre a través de Él; y cómo relacionarnos con Dios como hijos y entre nosotros como hermanos, relación que se basa en la paternidad de Dios sobre todos los creyentes. Pero la revelación más grande de la paternidad de Dios es ver a Jesús amar a sus discípulos y a las personas. La respuesta de Jesús a la petición de Felipe de poder ver el Padre nos muestra como Jesús en su ministerio terrenal ofreció a sus discípulos una paternidad espiritual:

“Jesús le dijo:¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?” – Juan 14:9 LBLA.

En este mundo tan necesitado de paternidad y donde los seres humanos viven de espalda a la paternidad de Dios, los creyentes hemos sido escogidos por el Padre para que su paternidad sea vista en nosotros como fue vista en Jesús su Hijo. Esta es la razón por la que Jesús le demanda a sus discípulos que deben ser perfectos en amor, como el Padre es perfecto. En otras palabras, que deben amar con un amor paternal como el Dios: “Habéis oído que se dijo: AMARAS A TU PROJIMO y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos; porque El hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.” – Mateo 5:43-48 LBLA.

En este pasaje de Mateo 5:43-48 Jesús nos da la obligación moral de amar a nuestro prójimo como el Padre ama, porque menos que eso sería un amor común de la humanidad natural en pecado. No solamente hay una exigencia ética en estos versos, sino que también hay una clara distinción entre como aman los seres humanos en su estado natural-caído y como debemos amar los que hemos nacido de nuevo y somos hijos de Dios por medio de Jesucristo. Esta perfección del verso 48 es la traducción de la palabra griega τέλειος (Strong G5046) que significa: entero, integro en su virtud humana, maduro, que no le falta nada.[1] El amor espiritual del Padre nos capacita para amar aún a nuestros enemigos. El Nuevo Testamento testifica como el Espíritu Santo nos hace tener el amor del Padre en Romanos 5:5. También nos dice que este amor nacido del Espíritu nos impulsa, constriñe o mueve a hacer la voluntad de Dios y a amar al prójimo (2 Corintios 5:14 y Filipenses 2:13). El espíritu Santo nos transforma de gloria en gloria a la imagen del Señor para que reflejemos su amor como Jesús lo hizo (2 Corintios 3:18 y Romanos 8:29). Por tanto aunque no podemos ser perfectos como Dios es perfecto en sus atributos absolutos e intransferibles, podemos ser perfectos o maduros en amar paternalmente al prójimo.

Este amor paternal o paternidad espiritual hace distinción entre los discípulos de Jesús y los que no han nacido de nuevo. Como vimos en los versículos de Mateo 5:43-48 la exigencia de este amor es diferente a la que un ser humano natural puede dar, pero también vimos como Dios mismo nos ha capacitado por el Espíritu para poder cumplir este mandamiento. Jesús dijo:

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros.” – Juan 13:34-35 LBLA.

No solo nos tenemos que amar los unos a los otros, nos tenemos que amar como Él nos ama y Él nos ama como el Padre, paternalmente. En la primera de sus cartas Juan dice que el que no ama no es de Dios ni conoce a Dios porque Dios es amor (1 Juan 4:8) y que aquel que dice amar a Dios pero aborrece a su hermano es un mentiroso (1 Juan 4:20-21). Juan también afirma en 1 Juan 4:17-18 que estando en Cristo el amor al prójimo se perfecciona en nosotros para que mostremos perfección/madurez, pues es así como somos la imagen de Jesús:

“Al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo. En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios.” – NTV.

Basados en los pasajes anteriores definimos “paternidad espiritual” como la capacidad sobrenatural que tienen los hijos de Dios de amar al prójimo (aún a sus enemigos) como el Padre los ama, mostrando así el amor y la imagen de Dios a otros como Jesús lo hizo; forma de amar que nos distingue de los demás seres humanos que no han conocido al Señor, es lo que nos hace ser sus discípulos. Este amor del Padre o paternidad espiritual que debemos dar a otros es para los creyentes un mandamiento moral que debemos cumplir. Estando en Cristo se puede ejercitar esta paternidad espiritual donde los cristianos maduran alcanzando la imagen del Señor. Por tanto, es el trabajo de los ministerios que edifican la iglesia perfeccionar a los santos para hacer la obra del ministerio que se ejecuta impulsada por el amor paternal de Dios en los creyentes y a través de ellos al mundo; perfección o madurez cristiana de tener la imagen del Señor o la estatura del Varón Perfecto, Jesucristo (Efesios 4:11-13). Este amor no solo es la meta del discipulado cristiano; sino también es el motor del discipulado, lo que nos lleva a alcanzar a los perdidos para hacer discípulos y que a su vez ellos salgan a hacer lo mismo.

En el próximo artículo exploraremos el ejercicio de la paternidad espiritual en la iglesia y en el discipulado según lo vemos en el Nuevo Testamento.

[1] «Greek Lexicon :: G5046 (KJV).» Blue Letter Bible. Accessed 3 Feb, 2015. http://www.blueletterbible.org/lang/lexicon/lexicon.cfm?Strongs=G5046&t=KJV

Editor de Centro CREE y Berea Online Blogs.

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One comment on “Paternidad Espiritual – Primera Parte
  1. […] el artículo anterior (primera parte) comenzamos a contestar las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante la paternidad […]

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