Paternidad Espiritual – Segunda Parte


Paternidad Espiritual – Segunda Parte

Escrito por: Apóstol Jaime Galván

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En el artículo anterior (primera parte) comenzamos a contestar las siguientes preguntas: ¿Por qué es importante la paternidad espiritual? ¿De dónde proviene este concepto? ¿Qué significa ser un padre o un hijo espiritual? ¿Solo los hombres pueden ejercerla? ¿Posibles oponentes de la paternidad espiritual? Ciertamente pudimos contestar el porque es importante para la iglesia la paternidad espiritual como un reflejo de la persona, amor y carácter del Padre; como la razón esencial del porque llevamos la imagen de Dios desde la creación, que luego fue trastocada por le pecado, pero que ahora es restaurada en los hijos de Dios por medio del espíritu Santo (2 Corintos 3:18). Vimos también la procedencia bíblica y teológica del concepto de paternidad espiritual. Definimos paternidad espiritual como:

“La capacidad sobrenatural que tienen los hijos de Dios de amar al prójimo (aún a sus enemigos) como el Padre los ama, mostrando así el amor y la imagen de Dios a otros como Jesús lo hizo; forma de amar que nos distingue de los demás seres humanos que no han conocido al Señor, es lo que nos hace ser sus discípulos. Este amor del Padre o paternidad espiritual que debemos dar a otros es para los creyentes un mandamiento moral que debemos cumplir. Estando en Cristo se puede ejercitar esta paternidad espiritual donde los cristianos maduran alcanzando la imagen del Señor.”[1]

En las próximas líneas abundaremos en la importancia de esta paternidad en nuestras sociedades, el rol de la paternidad de Dios o espiritual en los creyentes como miembros de la familia de Dios, el rol de cada creyente en la expresión de la paternidad espiritual de Dios y las repercusiones prácticas de la misma en el discipulado de la iglesia.

¿Cuál es la importancia social y cultural de la paternidad espiritual? ¿Qué la hace relevante a nuestras vidas hoy? Desde la caída de Adán y Eva los primeros ministros de la paternidad de Dios (imagen de Dios en la tierra – Génesis 1:26-28) Los seres humanos comenzaron a producir una cultura familiar (Caín mata a Abel – Génesis 4), como especie (la humanidad se pervierte más y más – Génesis 6) y como sociedad (la torre de Babel – Génesis 11) que no reflejaba la imagen de Dios. La solución de Dios es escoger a un hombre caldeo de la tierra de Ur para hacerlo padre de un pueblo que mostraría las virtudes de aquel que los llamó, este hombre se llamó Abram (Génesis 12). De Abraham nace una gran descendencia de la cual nace la máxima revelación del Padre, Jesús. Es entonces que a través de Jesús que las naciones comienzan a llegar al conocimiento del Padre y ser restaurados a la imagen del Padre para hacer culturas que reflejen el amor del Padre. Jesús comisiona a la iglesia para que vaya a todas las naciones que se esparcieron por el mundo desde Génesis 11, su propósito hacer discípulos de estas naciones para que aprendan a vivir una cultura que refleja la imagen del Padre como Él mismo nos la enseñó en su ministerio terrenal. Podríamos decir que en la paternidad espiritual cuelga la bendición o maldición de las culturas de la tierra; el bien o el mal que puedan hacer; su salvación o su eterna perdición.

La iglesia es entonces la congregación de esos discípulos que están aprendiendo a vivir como Jesús, viviendo como hijos de Dios, en su imagen y en su amor paternal. Es la iglesia entonces el cuerpo visible del Dios invisible, la manifestación terrenal de la paternidad de Dios, como lo fue Jesús, así somos nosotros ahora en el mundo (1 Juan 4:17). La iglesia siendo una congregación de hijos de Dios basa su unidad en la relación paternal de Dios con todo sus hijos y en la de estos entre sí que como hermanos se aman con el mismo amor con que el Padre nos amó a través de Jesús (Efesios 4:4-6; Mateo 5:43-48). Por esto, el Nuevo Testamento describe a la iglesia como la familia de Dios o la familia de la fe (Efesios 2:19, Gálatas 6:10). La iglesia está llamada a mostrar al mundo la cultura familiar y social de una nueva humanidad en Cristo. Los nuevos creyentes tienen que ser discipulados en esta nueva forma de vivir por medio del Espíritu, la Palabra de Dios, los cinco ministerios que han sido dados a la iglesia para perfeccionar a los santos para la obra del ministerio; y por aquellos hermanos y hermanas maduros en amor que les pueden servir de ejemplo (Efesios 4:11-13). La paternidad espiritual en la iglesia cumple un rol de fundamental importancia en el discipulado de Jesús. Dejaremos que las mismas Escrituras nos hablen de la paternidad espiritual en 1 Corintios 4:15-17 en donde Pablo hace referencia a su paternidad espiritual en relación a la iglesia en Corintio:

15 Pues, aunque tuvieran diez mil maestros que les enseñaran acerca de Cristo, tienen solo un padre espiritual. Pues me convertí en su padre en Cristo Jesús cuando les prediqué la Buena Noticia.

16 Así que les ruego que me imiten.

17 Por esa razón les envié a Timoteo, mi fiel y amado hijo en el Señor. Él les recordará la manera en que sigo a Cristo Jesús, así como lo enseño en todas las iglesias en todas partes.”

Estos tres versículos son ricos en sabiduría y en metodología para una paternidad espiritual sana. En mi opinión éste es el paradigma de paternidad espiritual más importante aparte de la vida de Jesús según está descrita en los Evangelios. A continuación haremos exegesis de estos tres versículos.

Verso 15a: “Aunque tuvieran diez mil maestros que les enseñaran acerca de Cristo, tienen solo un padre espiritual.”

Es interesante como en este versículo Pablo da un mayor nivel de importancia a la paternidad espiritual que al don de enseñar en la iglesia, siendo el también maestro ocmo confiesa en 1 Timoteo 2:7. Esto me lleva a reflexionar como la iglesia está acomodando sus prioridades. Vemos que la iglesia cree que el discipulado es aprender más y más información teológica. ¿Pero será tanto conocimiento una señal de madurez espiritual? Vemos que en la iglesia queremos levantar cada vez más y mejores líderes que enseñen a la iglesia a ser buenos hijos de Dios. ¿Pero estamos levantando padres espirituales? Para Pablo la paternidad espiritual es claramente más importante que el liderazgo que solo se encarga de enseñar acerca de Dios. ¿Por qué? Porque los maestros están en las escuelas pero los padres están en las familias; y la iglesia es familia antes que escuela. Con esto no quiero menospreciar el ministerio de la enseñanza y el oficio de maestro, pero lo tenemos que colocar en la justa perspectiva ante el rol fundamental de la paternidad espiritual.

Versículo 15b: “…pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.” (LBLA).

Pablo era padre espiritual de la iglesia de Corintio, no por imposición, sino por derecho propio y amor en Cristo. Pablo amó los de Corintios en tal manera que no solo los alcanzó con el evangelio, sino que también los cuidó y crió en el Señor para que esos niños espirituales madurarán en Cristo. Pablo les dice en la NTV: “Pues me convertí en su padre en Cristo Jesús cuando les prediqué la Buena Noticia.” Esto nos hace reflexionar: Si los hijos son engendrados por medio del evangelio; ¿cómo puede existir verdadera paternidad espiritual sin predicación del evangelio? Llegamos a la conclusión que un cristiano no puede mostrar paternidad espiritual si primero no predica el evangelio a otros, acto que en sí mismo es una muestra de amor paternal ya que el Padre envió a su Hijo al mundo para que todo aquel que en el cree no se pierda, más tenga vida eterna (Juan 3:16).

Versículo 16: “Así que les ruego que me imiten.”

Este versículo contiene gran profundidad en solo siete palabras y es lo que conecta la paternidad espiritual con el discipulado de Jesús. En 1 Corintios 11:1 Pablo le repite a la iglesia: “Y ustedes deberían imitarme a mí, así como yo imito a Cristo.” (NTV). La palabra griega que se traduce al español como “imiten” o “imitarme” son μιμητής (Strong G3402 – mimeiteis) de la cual proviene la palabra mimo y significa reproducir o imitar algo o a alguien.[2] La base misma del discipulado de Jesús es imitarlo a Él, ser como Él es y andar como Él anduvo en amor (1 Juan 2:6; 4:17). Los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26) y ser cristiano – Χριστιανός (Strong G5546) – es ser un seguidor de Jesús, pero seguir a Jesús es mucho más que caminar tras Él (lo que para nosotros sería imposible no estando Él en la tierra).[3] Ser un seguidor de Jesús implica imitar a Jesús, por eso la Gran Comisión enfoca a los discípulos a hacer discípulos y así enseñarles las cosas que Jesús mandó. Pero Jesús no les dejo a los discípulos folletos informativos solamente para que discipularan las naciones, les dejo un modelo de vida que encarnaba la Palabra escrita y reflejaba la imagen de Dios en amor (Mateo 28:18-20). Pablo nos exhorta en Efesios 5:1-2 que:

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor, así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma.” (LBLA).

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Como vimos en el primer artículo, la paternidad de Dios o paternidad espiritual a través de Adán y Eva, estaba diseñada por Dios para que éstos al reproducirse multiplicarán Su imagen sobre toda la tierra y a través de la imagen de Dios en la humanidad Su reino también fuera extendido sobre toda la tierra (Génesis 1:26-28). El plan de Dios-Padre siempre fue que la paternidad multiplicará la imagen de Él. ¿Por qué habría de cambiar su plan en Cristo? Hoy Dios está terminando el plan original, restaurando las cosas como Él planeó en un principio que deberían ser. De aquí, la importancia de que la iglesia a través de la paternidad espiritual fructifique, se reproduzca y llene la tierra con el evangelio.

Para hacer discípulos hay que engendrar nuevos convertidos por medio del evangelio, cuidarlos en amor paternal y que cada cristiano maduro que emprenda esta tarea permita que otros puedan imitar en ellos cómo imitar a Cristo; convirtiéndose en modelos. Modelos no de perfección en el sentido de no cometer ningún error, sino perfección en el sentido de madurez en la manera en que amamos a otros como Dios nos ama. Pablo mismo dice:

“No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” – Filipenses 3:12-14 LBLA.

En estas palabras de Pablo a los filipenses vemos como Pablo no se ponía como ejemplo/modelo a imitar de infalibilidad, sino que se ponía a sí mismo como modelo de alguien que está siguiendo un proceso imitando a Cristo. Esta forma humilde y honesta de presentarnos como modelos a seguir facilita para los discípulos el identificarse con el modelo e imitarlo, pues pueden verlo en sus padres espirituales. Viendo como sus padres espirituales desde su debilidad humana están siendo formados por el Espíritu Santo, bastándose de la gracia de Dios para ser cada día más como Él; hasta que logren alcanzar la meta escatológica de una mayor perfección:

“Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido.” – 1 Corintios 13:9-12 LBLA.

“Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.” – 2 Corintios 3:18 LBLA.

Para que este discipulado por modelaje sea efectivo los padres espirituales y sus hijos deben tener una forma de liderazgo relacional en la que se brinde un nivel de intimidad mayor al que se puede dar desde el pulpito por el pastor una hora o dos por semana. Jesús no formó a sus discípulos dándoles una serie de sermones o conferencias en CD, Jesús los llamó a estar con Él en todo tiempo y ver como Él vivía: “Y designó a doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar, y para que tuvieran autoridad de expulsar demonios.” – Marcos 3:14 LBLA. Según Marcos, el primer propósito por el cual Jesús llamó a los doce fue para que estuvieran con Él y es de ese compartir más íntimo que los doce aprendieron a predicar y a usar la autoridad espiritual en Cristo para echar fuera demonios. En este mundo postmoderno donde la privacidad es sobrevaluada por un lado (en el sentido de tener tu propio carro, casa, tiempo, etc.) y desecha por otro en las redes sociales; la iglesia tiene que tener cuidado de no cerrar las puertas de sus hogares a otros para que estos puedan aprender a vivir como hijos de Dios. Debemos ser hospitalarios con el propósito de permitirle a los discípulos aprender a vivir cristianamente en el día a día de nuestras vidas (Romanos 12:13; 1 Timoteo 5:10; Hebreos 13:2).

Fíjate que en los Evangelios todos los que seguían Jesús en su ministerio terrenal podrían clasificarse según su nivel de intimidad con Jesús: las multitudes que solo estaban allí para ver milagros, criticar o simplemente para beneficiarse de los panes y los peces; luego los discípulos, en especial los setenta que predicaban, hacían milagros y echaban fuera demonios como Jesús; los doce que estaban aún más cerca y fueron hechos apóstoles; de entre los doce vemos un círculo aún más íntimo de Pedro, Jacobo y Juan quienes Pablo llama en Gálatas 2:9 columnas de la iglesia de Jerusalén. Queriendo decir que a mayor intimidad con Jesús mayor fue la capacidad de estos discípulos de ejercer liderazgo en paternidad espiritual. Líderes amados en el Señor, tenemos que retomar el modelo de discipulado de Jesús. Tenemos que abandonar nuestro deseo de vernos predicando delante de multitudes a cambio de poder reproducirnos en un grupo pequeño de discípulos que Dios nos ha dado para que paulatinamente estos con sus hijos espirituales alcancen las multitudes. Tenemos que abrir las puertas de nuestras vidas, tomarnos el riesgo de ser íntimos con otros y por amor a los que desean aprender de ti perdonar a los que en el pasado traicionaron esa intimidad. Tenemos que entender que el primer llamado de nuestros hijos-espirituales/discípulos es estar con nosotros como los doce estuvieron con Jesús y aún Jesús tuvo uno que era diablo (Juan 6:70). Esta es la única forma en que los discípulos se convertirán en hijos que imitan a sus padres espirituales y que aprenden de ellos a imitar a Jesús. ¿Has visto como algunos ministros se parecen a sus padres espirituales o mentores al predicar? Lo que queremos es que los hijos espirituales se parezcan a nosotros no solo en nuestra manera de predicar, sino que también en toda nuestra manera de vivir.

Versículo 17ª: “Por esa razón les envié a Timoteo, mi fiel y amado hijo en el Señor.”

Lo primero que tenemos que preguntarnos al leer este versículo es: ¿por qué causa Pablo está enviando a Timoteo a la iglesia de Corintio? En la iglesia de Corinto estaban ocurriendo varias cosas que tenían que ser ajustadas. La iglesia estaba viviendo de una manera que no era cónsona con el evangelio. Por un lado vemos que habían divisiones políticas, en el capítulo tres vemos como Pablo les advierte que no pueden hacer bandos diciendo: “unos somos de este líder y otros diciendo nosotros somos de este otro”; porque todos son de Cristo y deben vivir en unidad y unanimidad en el Espíritu. También había cierto caso de inmoralidad que debió ser atendido por la iglesia con premura para no traer deshonra a la iglesia, pero se había obviado (1 Corintios 5). Un hombre de la congregación estaba teniendo relaciones sexuales con la esposa de su padre (posiblemente madrastra, porque no dice con su madre) razón por la cual Pablo exige a la iglesia que lo aparte de la congregación. A pesar de todo esto, la iglesia de Corintio era una iglesia poderosa en las manifestaciones de los dones del Espíritu Santo, lo que quizás también estaba causando envidias y divisiones políticas, olvidándose así de lo más importante que es el amor entre hermanos (1 Corintios 12-13). Había desorden en la forma en que se reunían y en la liturgia porque el hablar en lenguas en público había sobrecogido la predicación profética de la Palabra de Dios que a toda la iglesia le servía de provecho (1 Corintios 14). En otras palabras la iglesia de Corintio era una iglesia inmadura y Pablo como padre espiritual de ellos estaba preocupado porque no estaban imitando su ejemplo (1 Corintios 4:15-16). Esto hace que Pablo envíe a Timoteo hijo fiel y amado de Pablo en el Señor. Timoteo no solo era fiel al Señor y a Pablo, era una fiel reproducción de Pablo como veremos en la próxima sección del versículo. Tan fiel que en ausencia de Pablo, Timoteo podría modelar la forma de vivir que Pablo deseaba que la iglesia de Corintio viviera.

Versículo 17b: “Él (Timoteo) les recordará la manera en que sigo a Cristo Jesús, así como lo enseño en todas las iglesias en todas partes.”

¿Has escuchado la expresión: “fulano es una copia fiel de su padre”? Eso era Timoteo de Pablo, de tal manera que le recordaría a la iglesia de Corintio la manera en que Pablo sigue a Cristo. Que la Palabra diga que les “recordaría” significa que ya lo habían visto en Pablo, pero que necesitaban ser expuestos nuevamente al modelo. En este caso, podemos ver como la paternidad espiritual reproduce a través del discipulado (imitación) una manera de vivir en los hijos espirituales. Pero también vemos como los hijos espirituales que han aprendido el modelo de sus padres espirituales con fidelidad pueden ejercer también el mismo rol de paternidad espiritual para otros: “Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al siervo como su señor.” – Mateo 10:25 LBLA. No solo las enseñanzas de Pablo eran constantes para todas las iglesias en todo lugar, sino que también su método de enseñanza era el patrón apostólico que Jesús dejó: el discipulado por imitación basado en una paternidad espiritual (1 Corintios 4:16; 11:1).

Ahora contestaremos una de las preguntas que planteamos al inicio del primer artículo: ¿Qué significa que tú seas un padre o un hijo espiritual? Ser un padre espiritual significa que eres un cristiano, o imitador de Jesús, que ha madurado en tu manera de amar al prójimo y los amas tal como Jesús y el Padre los han amado. Por esta razón has tomado tu cruz y a pesar de lo que te pueda costar has decidido amar a los que se pierden sin Dios, testificarles de la verdad de Cristo, invitarlos por medio del evangelio a reconciliarse con Dios en Cristo. Ser padre espiritual significa que has decidido cuidar a los que han aceptado el mensaje del evangelio por medio de la fe. Significa que tú los discipularás en amor paternal de Dios para que ellos aprendan de ti cómo vivir como hijos de Dios en Cristo Jesús. Vivir en paternidad espiritual, significa para ti que has puesto tu vida completa como modelo para que otros imitándote puedan madurar en su manera de amar; hasta que ellos al igual que tú puedan amar a su prójimo como Cristo, tomar su propia cruz y reproducir el proceso con otras personas. Ser un hijo o hija espiritual significa que has reconocido que necesitas un modelo de paternidad espiritual que te sirva para aprender a vivir una vida cristiana madura como discípulo de Jesús. También significa que has reconocido que tu fidelidad a Dios, a tus padres espirituales, a su modelaje y al proceso en que Dios te está formando es necesario para que tu también puedas hacer discípulos cumpliendo con tu parte en la Gran Comisión. Como hijo espiritual tienes que reconocer que de esto depende que alcances el blanco de la soberana vocación que tienes en Cristo Jesús.

En nuestro próximo artículo sobre la paternidad espiritual estaremos considerando las implicaciones prácticas de la paternidad espiritual, posibles argumentos en contra y la posibilidad de que las hijas de Dios puedan o no ejercer la paternidad espiritual.

[1] Jaime Galván, “Paternidad Espiritual – Primera Parte,” Blog de Centro CREE, February 4, 2015, accessed February 4, 2015, https://centrocreeblog.org/2015/02/04/paternidad-espiritual-primera-parte/.

[2] «Greek Lexicon :: G3402 (KJV).» Blue Letter Bible. Accessed 5 Feb, 2015. http://www.blueletterbible.org/lang/lexicon/lexicon.cfm?Strongs=G3402&t=KJV

[3] «Greek Lexicon :: G5546 (KJV).» Blue Letter Bible. Accessed 5 Feb, 2015. http://www.blueletterbible.org/lang/lexicon/lexicon.cfm?Strongs=G5546&t=KJV

Editor de Centro CREE y Berea Online Blogs.

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One comment on “Paternidad Espiritual – Segunda Parte
  1. […] el próximo artículo exploraremos el ejercicio de la paternidad espiritual en la iglesia y en el discipulado según lo […]

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